¿Cómo entender y gestionar las emociones?

Emociones primarias - Gestion emocional

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La relación con nuestras emociones suele traernos de cabeza. Sobre todo cuando tenemos que enfrentarnos a las que etiquetamos como ‘negativas’, como el miedo, la rabia, la tristeza o el asco.

Y es que el primer problema empieza ahí, cuando las etiquetamos. Y es que, realmente, ninguna emoción es buena o mala, positiva o negativa. Las emociones vienen a darnos un mensaje que, si sabemos escuchar sabiamente, podremos gestionar de una forma mucho más sana y beneficiosa para nosotros.

Todas las emociones tienen una causa profunda detrás; más allá de la causa ‘superficial’ que creemos que ha sido el origen. Ahí es donde debemos llegar para gestionar adecuadamente la emoción. Como en un fuego, de nada sirve intentar actuar directamente sobre la llama; para apagarlo hay que llegar a las brasas.

El primer paso necesario para gestionar cualquier emoción, para evitar que esta lleve las riendas, es la aceptación. No podemos evitar que las emociones broten, ni debemos luchar contra el hecho de que lo hagan. La inteligencia emocional no consiste en aniquilar las emociones que no nos gustan, sino en aprender a gestionarlas de otra forma.

Muchas veces nos sentimos culpables por estar tristes o por sentir rabia. Sobre todo, cuando ya tenemos poco o mucho andado en el terreno del ‘crecimiento personal’, creemos que ya deberíamos ser capaces de no tener esas emociones. Pero es un error; podemos aprender a gestionarlas, pero no podemos evitar que surjan.

Como escuela de coaching, vemos a diario cómo una buena gestión emocional transforma la vida personal y profesional de las personas. En esta guía encontrarás una visión clara, ética y práctica de cómo trabajar las emociones desde el coaching, sin invadir el territorio de la terapia, y aplicando técnicas que podrás empezar a utilizar desde hoy.

¿Qué son las emociones y para qué sirven?

Las emociones se generan en la amígdala cerebral, una pequeña estructura como una almendra (una en cada hemisferio cerebral), que dirige nuestro sistema límbico: el centro de control de las emociones. Este sistema autónomo, automático e inconsciente, asume el control antes de que podamos darnos cuenta y provoca respuestas automáticas e inmediatas… ¿Alguna vez has sentido que las emociones te controlan a ti y no a la inversa?

Amigdala-gestion-emociones-Innerkey Podemos entender las emociones como:

  • Energía: impulsan o frenan la acción.
  • Información: nos muestran qué necesidad tenemos.
  • Guía: orientan nuestras decisiones en la dirección adecuada (cuando aprendemos a escucharlas).

Lo que complica la gestión emocional no es la emoción en sí, sino nuestra relación con la emoción: resistirla, evitarla o interpretarla desde creencias desactualizadas.

El mensaje detrás de cada emoción

Cada emoción tiene un propósito. Muchas de nuestras emociones se presentan de forma inconsciente (y pueden manifestarse en nuestro lenguaje no verbal, con gestos, posturas o “sonidos” que podamos emitir, como pueden ser suspiros o resoplidos.

Cuando aprendemos a escuchar las emociones, dejan de ser un problema y se convierten en nuestra brújula. Esto es lo que percibe la amígdala para lanzar las emociones básicas:

  • Rabia: La amígdala ha percibido una injusticia o límite vulnerado. Te invita a poner orden, proteger tus límites o expresar una necesidad.
  • Tristeza: Percepción de pérdida o necesidad de soltar… Esta emoción ayuda a integrar cambios, aceptar lo que ya no está y abrir espacio a lo nuevo.
  • Miedo: Manifiesta una amenaza real o percibida (en el 90% de las veces la amenaza es imaginaria y limita nuestro crecimiento). El miedo te prepara para actuar con prudencia o evaluar un riesgo.
  • Asco: Rechazo profundo. Aparece con algo que viola tu ética, tus gustos o tu identidad.
  • Sorpresa: La hemos incluido aquí porque es una emoción que puede ser positiva o negativa. La amígdala la percibe como una inquietud y aporta necesidad de exploracíón.
  • Alegría: Es la única emoción básica positiva. La amígdala la percibe como reconocimiento, afiliación o coherencia. Señala que estás en sintonía con tus valores y necesidades.

Emociones primarias - Gestion emocional Comprender el mensaje de cada emoción no significa justificar la conducta impulsiva que puede desencadenar, sino escuchar la información y traducirla en acciones conscientes.

Coaching vs terapia: delimitar para acompañar con ética

Los coaches profesionales y los psicólogos clínicos realizan un trabajo que entra en lo cognitivo. De hecho, hay muchos coaches que se forman en psicología y también muchos psicólogos que se forman en coaching, precisamente porque tienen mucho en común.

Sin embargo, es imprescindible separar los dos territorios: las diferencias radican en la casuística y en las herramientas utilizadas. Y aquí hay una barrera muy clara, que es la palabra “sanar”: un coach no ha sido entrenado para tratar patologías ni curar enfermedades.

Una pregunta muy frecuente es: ¿puedo ir al coach si tengo una herida traumática de la infancia? La respuesta es: sí, si lo que quieres es superar obstáculos basados en miedos o baja autoestima por ejemplo. Si lo que necesitas es “sanar” esa herida, tendrás que ir a terapia psicológica y el coach hará bien en recomendártelo. El coach te va a ayudar a superar esos miedos y patrones que te limitan en tu día a día o en tu crecimiento y a poder avanzar en un futuro brillante a pesar del doloroso recuerdo. Te va a ayudar a pasar de tu estado actual a tu estado deseado.

La terapia

El término “terapia” se refiere generalmente a “psicoterapia”, que es la terapia ejercida por profesionales de la psicología clínica.

Casuística: La terapia psicológica o psicoterapia trata patologías, patrones disfuncionales y sufrimiento psicológico. Requiere formación clínica y un marco sanitario. El psicólogo se ha formado en psicofisiología, neurología y tratamiento de patologías mentales entre otras materias.

Herramientas: El psicólogo hace un diagnóstico antes de un tratamiento, que en función de la especialidad del profesional llevará a cabo con diferentes terapias (psicoanalítica, cognitivo-conductual, humanista o ecléctica). También dependiendo de ese estilo, dará más o menos consejos y siempre podrá explicar incluso de forma didáctica, lo que considere necesario de la conducta o de la estrategia a seguir.

El coaching

El coach acompaña en procesos de autoconciencia, responsabilidad, cambio voluntario y desarrollo personal o profesional. No trata patologías, sino que facilita claridad, perspectiva y nuevas formas de observar. Ayuda a romper patrones limitantes y bloqueos y a establecer otros nuevos que te permitan crecer.

Casuística: En coaching se trata a personas mentalmente sanas, que no requieran tratamiento a nivel patológico, que tengan voluntad de realizar cambios en su vida para mejorarla. Ha sido formado y entrenado para la escucha activa y la presencia plena, para poder realizar su trabajo con efectividad.

Herramientas: El coach transpersonal no pone etiquetas a nada, y, sobre todo, no aconseja. Mediante preguntas poderosas, el coach permite que la persona llegue a todas las respuestas que están en su interior.

El coach no se basa en sus conocimientos sobre comportamientos, de hecho una de las premisas de un buen coach es mirar con perspectiva; como si viera algo por primera vez. Así, las diferencias entre coaching y terapia psicológica son claras.

Como escuela, somos muy estrictos con este punto: un coach competente sabe hasta dónde acompañar y cuándo recomendar terapia y derivar, para proteger al cliente.

¿Quieres saber más sobre gestión de emociones?

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Técnicas prácticas para gestionar emociones desde el coaching

En Coaching, utilizamos métodos diferentes para dos procesos diferenciados: la reacción emocional que ha brotado (por ejemplo, gestionar un cabreo en el momento en el que se produce) y otro, modificar el patrón subconsciente que origina una emoción.

Estas técnicas las utilizamos en formación y miles de alumnos las aplican con excelentes resultados, tanto en su vida como en acompañamientos profesionales. Aquí van tres claves:

1. Desidentificación: tú no eres tu emoción

Entender que no eres tu emoción. Cuando una emoción aparece con mucha intensidad solemos confundirnos con ella: “soy un histérico”, “soy una persona ansiosa”, “siempre igual, no puedo evitarlo”… La desidentificación propone separar: La desidentificación propone separar:

  • Yo, la persona que observa
  • La emoción, que aparece, se expresa y luego se marcha
  • El pensamiento, que interpreta
  • La reacción, que elegimos, o no, evidenciar.

Esto da perspectiva y permite responder en lugar de reaccionar.

2. El método M.I.D.E.® (de Innerkey)

Este método, propio de nuestra escuela, es más completo que el anterior y es una de nuestras herramientas más eficaces para trabajar con emociones en procesos de coaching. M.I.D.E. consta de cuatro pasos:

MMorderte la lengua: concédete unos segundos antes de hablar, durante los cuales vas a respirar.

IInspiraciones profundas. Te van a ayudar a regular tu sistema nervioso.

DDesidentificación. Este es el paso clave: Tú no eres tu emoción. Obsérvala como si fuera otra persona para poder «negociar» con ella, y tomar una decisión consciente: ¿Qué quieres de mi, emoción? ¿Qué quieres que haga?

EElegir: Elige y decide cómo quieres reaccionar tú de forma consciente.

Este método cambiará por completo tu relación con tus emociones dándote la libertad para poder reaccionar y vivir desde tu ser, y no desde tu instinto básico.

3. Cambio de observador: transformar la realidad desde dentro

No vemos las cosas como son, sino como somos. El cambio del patrón subconsciente es una labor profunda que requiere dedicación, tiempo y energía, y que se trabaja con un intenso viaje hacia las capas más profundas, donde se encuentra arraigado el patrón.

Cuando cambiamos el observador que somos —creencias, lenguaje, corporalidad y emociones— cambia también lo que creemos posible. Esto significa derribar creencias absolutas que nos limitan y elegir, en cada momento, desde la consciencia.

La importancia de la Inteligencia Emocional para ser Coach

Un coach se forma y se entrena desde dentro para entender cómo funcionan las emociones, ser capaz de gestionarlas y poder así acompañar a otros. Un coach con inteligencia emocional trabaja desde la presencia, la empatía, la escucha profunda y la autogestión. La inteligencia emocional en el coach es el músculo que sostiene:

  • La profundidad y calidad de las preguntas
  • La atención plena y escucha activa
  • La neutralidad
  • La capacidad de sostener silencios y vulnerabilidades
  • La coherencia y consistencia profesional

Por eso insistimos tanto en que todo futuro coach debe formarse en gestión emocional antes de acompañar a otros.

En nuestras formaciones dedicamos un módulo entero a la inteligencia emocional, a trabajar sobre esas causas profundas que disparan las diferentes emociones, a trabajar sobre la gestión in situ de las reacciones emocionales, sobre el cambio de patrones subconscientes… Ya que para conseguir construir una vida plena y en equilibrio, la gestión de tus emociones es IMPRESCINDIBLE.

 

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